sábado, 2 de febrero de 2013

CUENTO INVENTADO AL ESTILO DE DON JUAN MANUEL


EL ZAPATERO Y EL RICO


Otra vez hablaba el conde Lucanor con Patronio de esta manera:
-Patronio, ayer mandé forjar una espada al herrero de la ciudad. Éste siempre realiza muy gratos trabajos para mí, por lo que esta vez veo pertinente ofrecerle una gratificante propina por tan buen servicio que me ha realizado durante tantos años y para así hacer aumentar su felicidad y la de su familia.
-Señor conde Lucanor, ¿ve necesario dicha gratificación? El herrero ya es feliz con su trabajo, porque no le falta el pan de cada día, ni a él ni a los suyos. ¿No sabe lo que le aconteció a un zapatero que trabajando cantaba porque no le faltaba el sustento, y aún así aceptó con mal fin una bolsón de oro de un rico envidioso?
-Cuéntame de eso, pues quizá de dicha historia pueda sacar provecho.

Y Patronio respondió al conde de esta manera:
Vivía en una humilde casa un contento zapatero. Éste se pasaba el día cantando y a pesar de no tener dinero no le faltaba la alegría.
Al lado, en otra casa más lujosa, vivía un hombre rico al cual le molestaba oír todos los días cantar tan alegremente a su vecino, ya que lo hacía de noche y de día y no podía ni dormir.
El rico se propuso callar al zapatero y acabar con su alegría,  pues estaba harto de tanta canción.
Una mañana mandó llamar a su vecino, y éste vino al momento cantando como de costumbre y preguntándose para qué lo habría hecho venir el rico.
Entonces éste le dijo:
-¿Cuánto ganas al año trabajando?
-No sé -le contesta el zapatero.
-Eso de que no lo sabes se me hace muy raro -le responde el rico.
-Señor, yo me conformo con poder comer todo el año. Si tengo dinero lo gasto, si no lo tengo no me apuro. Me basta con no perder la salud y la alegría nunca -le dice el zapatero.
-¿Y si por casualidad te dieran una fortuna no te alegrarías? -le pregunta el rico.
 -¿Cómo no me iba a alegrar?
-¡Pues toma! -le dice el rico en tono burlón poniéndole en la mano una bolsa llena de dinero.
-¿Y esto a qué viene? -le pregunta el zapatero.
-Es que quiero saber cómo vives de rico y sin cantar.
Agradecido por el dinero el zapatero se marchó a su casa.
Pasaron los días y el hombre perdió el buen humor, la tranquilidad, siempre estaba temiendo, siempre vigilando la puerta, siempre de la gente huyendo. Perdió el sueño y la paz, y no volvió a cantar. Pronto se dio cuenta de que antes era más dichoso.
Volvió a la casa del rico con la bolsa del dinero y le dijo:
-Aquí está el oro maldito que usted me dio. A mí no me sirve de nada, pues no duerno ni tengo paz pensando en esta fortuna. Estoy mejor sin ninguna. Con esto le digo hasta luego.
- ¡Pero tú eres un borrico!- gritó el rico.
-De borrico nada, señor –le contestó el zapatero- No necesito ser rico para ser feliz. Con poco vivo aquí abajo, sólo quiero mientras viva paz, alegría y trabajo.

Y vos señor conde piense que el que nace en cuna humilde crece en el trabajo y que una gran fortuna unida a una mala costumbre a lo largo de los años le puede causar gran daño. Recuerde: pobre que nada en dinero termina ahogándose.

Moraleja:
En la vida hay que tener: la conciencia tranquila y afición a trabajar, ya que el dinero no siempre da la felicidad.

                                                                              Andrés Escribano, 1º Bachillerato B

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