miércoles, 22 de mayo de 2013

LA POESÍA DE LUIS DE GÓNGORA


Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 1561-1627) fue uno de los máximos representantes de la tendencia culteranista que concedía gran importancia a la forma creando una poesía de gran belleza, metafórica, con abundancia de cultismos de valor sensorial. Su producción poética  puede dividirse en dos grupos:


1. Composiciones en metros cortos de inspiración popular (letrillas y romances):  combina recursos propios de la lírica popular con artificios propios del Barroco. De esta forma, canciones, estribillos y rimas asonantes aparecen estilizados con antítesis, metáforas e hipérboles. Las letrillas oscilan entre lo sentimental y lo burlesco. Un ejemplo de letrilla burlesca es la de "Que se nos va la Pascua, mozas" poema que hemos visto en la entrada de "Carpe diem". Otros poemas burlescos parodian mitos clásicos ensalzando el tópico de "Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea", como podemos ver en el siguiente poema:

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.


Coma en dorada vajilla 
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente, 
y ríase la gente.


Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas, 
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.


 Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena 
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 

Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.


Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 
do se juntan ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

    Vamos a escuchar ahora la versión musical que realizó Paco Ibáñez del poema:




Góngora también escribe romances de temática variada (moriscos, de cautivos, amorosos, burlescos...) A continuación, tenéis uno de sus romances amorosos con estribillo más conocidos:

La más bella niña 
De nuestro lugar, 
Hoy viuda y sola 
Y ayer por casar, 
Viendo que sus ojos 
A la guerra van, 
A su madre dice, 
Que escucha su mal:
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

Pues me distes, madre,
En tan tierna edad 
Tan corto el placer, 
Tan largo el pesar, 
Y me cautivastes 
De quien hoy se va 
Y lleva las llaves 
De mi libertad,
Dejadme llorar 
Orillas del mar (...)

Dulce madre mía, 
¿Quién no llorará, 
Aunque tenga el pecho 
Como un pedernal, 
Y no dará voces 
Viendo marchitar 
Los más verdes años 
De mi mocedad?
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

Váyanse las noches,
Pues ido se han 
Los ojos que hacían 
Los míos velar; 
Váyanse, y no vean 
Tanta soledad, 
Después que en mi lecho 
Sobra la mitad.
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

   2. Poesía culta: dentro de esta tendencia destacan los sonetos gongorinos caracterizados por su belleza y su perfección formal. La temática de sus sonetos es variada: amorosos, morales, mitológicos, etc.  Un soneto en el que describe la belleza femenina y recrea el tópico de carpe diem es el famoso "Mientras por competir por tu cabello" que hemos visto ya en la entrada de los tópicos. A continuación tenéis un soneto en el que el cordobés avisa de los efectos engañosos del amor:      
     
                                                          
La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas distilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,
amantes, no toquéis si queréis vida,
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.
No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;
manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno.

   Veamos ahora un soneto moral en el que Góngora trata un tópico clásico del Barroco: el tempus fugit y la brevedad de la vida:

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada sol repetido es un cometa.
Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas;
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.



  Pero, el estilo culterano alcanza su máxima complicación y efectismo en los dos grandes poemas: el Polifemo (1612) y Las Soledades (1613). La Fábula de Polifemo y Galatea, escrita en octavas reales, se basa en un tema mitológico de tradición clásica: el gigante de un solo ojo Polifemo, enamorado de la ninfa Galatea, enfurece de celos al conocer los amores entre la ninfa y el pastor Acis y arroja un peñasco sobre su rival, que queda convertido en río. Es un poema lleno de imágenes, metáforas, hipérbatos de un gran barroquismo y belleza formal en donde el cordobés demuestra su mejor arte culterano. Apreciad el contraste descriptivo entre la ninfa y el cíclope:


Descripción de Polifemo

(...)Un monte era de miembros eminente
Este que —de Neptuno hijo fiero—
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado.

Negro el cabello, imitador undoso
De las oscuras aguas del Leteo,
Al viento que lo peina proceloso
Vuela sin orden, pende sin aseo;
Un torrente es su barba, impetuoso
Que —adusto hijo de este Pirineo—
Su pecho inunda— o tarde, o mal, o en vano
Surcada aun de los dedos de su mano (...)





Descripción de Galatea

(...) Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.

Purpúreas rosas sobre Galatea
La Alba entre lilios cándidos deshoja:
Duda el Amor cuál más su color sea,
O púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
Émula vana. El ciego dios se enoja,
Y, condenado su esplendor, la deja
Pender en oro al nácar de su oreja (...)


  Pero, sin duda, es en las Soledades en donde Góngora nos ofrece su mejor arte culterano, un arte repleto de metáforas, efectos sonoros, hipérbatos resultando un universo brillante y complejo. Según parece, el autor proyectó cuatro soledades aunque sólo compuso la primera y parte de la segunda. En la primera, un joven naúfrago es acogido por unos cabreros que celebran unas bodas. En la Soledad segunda, convive con unos pescadores. En realidad, el argumento no es lo más importante sino el uso de los recursos formales que aportan estilización, sensorialidad, musicalidad, color, brillo y luz. Las Soledades  es una obra de difícil comprensión y en su época suscitó numerosas polémicas entre defensores y detractores.  Os dejo el inicio de su Soledad primera para que juzguéis vosotros mismos:

Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
—Media luna las armas de su frente,
Y el Sol todo los rayos de su pelo—,
Luciente honor del cielo,
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar; que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arïón dulce instrumento.

  El magisterio de Góngora dio origen a una escuela poética gongorina o culterana pero su influjo no terminó ahí. En el siglo XX, Dámaso Alonso explicó los versos de la obra para hacerlos más asequibles al público y el estilo metafórico y embellecido del cordobés ha traspasado su propia época, pues generación posteriores de poetas lo han admirado y seguido (como así  lo hicieran los poetas de la Generación del 27).

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