miércoles, 22 de mayo de 2013

LA POESÍA DE FRANCISCO DE QUEVEDO

  Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580- Villanueva de los Infantes, 1645) fue uno de los escritores más relevantes de nuestro barroco, un gran escritor que manejaba de forma magistral el idioma castellano y un hombre de profundos contrastes como se refleja en su propia obra: sonetos amorosos sublimes y sátiras misóginas, poemas religiosos y otros humorísticos o mordaces... Los contrastes barrocos están muy presentes en su producción literaria, un producción amplísima, ya que cultivó todos los géneros en su época. Quevedo fue uno de los máximos representantes de la tendencia conceptista basada en la asociación ingeniosa de palabras e ideas. Los recursos más empleados serán las dilogías, paradojas, antítesis, elipsis, equívocos...  Si quieres conocer más sobre este autor y su obra entra en Fundación Francisco de Quevedo. Nosotros, en esta ocasión,  vamos a centrarnos en su trayectoria poética en la que podemos distinguir:

 1. Poemas amorosos: Quevedo cultivó una poesía de corte petrarquista de lenguaje conceptual, con empleo de paradojas y siguiendo la línea del amor cortés y la poesía del Cancionero. En este grupo se encuentra el famoso soneto, "Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra..." que tenéis en el libro. Os dejo este otro soneto en el que con el uso de paradojas intenta definir la naturaleza contradictoria del amor:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida, que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido, que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.



Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:

mirad cuál amistad tendrá con nada,

el que en todo es contrario de sí mismo.




  2. Poesía satírica y burlesca: Quevedo abordó la sátira social en diversas composiciones (sonetos, romances y letrillas). Sus mordaces ataques se dirigen a médicos ( a los que consideraba unos "matasanos"), viejas que con cosméticos aparentan ser jóvenes, boticarios, pasteleros... Para todos tiene una crítica burlona y satírica. Y archiconocida fue su enemistad con otro gran poeta del momento, Luis de Góngora al que dirigió las siguientes lindezas poéticas:

Yo te untaré mis obras con tocino,
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino.
Apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin christus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y, en la Corte, bufón a lo divino.
¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?
No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

         Y siguiendo con su enconado odio al cordobés, escribió el famoso soneto "Érase un hombre a una nariz pegado", un poema hiperbólico en el que exagera el tamaño de la nariz de Góngora con un estilo humorístico difícil de olvidar:                                                                

A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ
            Érase un hombre a una nariz pegado, 
            Érase una nariz superlativa,
            Érase una alquitara medio viva,
            Érase un peje espada mal barbado;
            Era un reloj de sol mal encarado.
            Érase un elefante boca arriba,
            Érase una nariz sayón y escriba,
            Un Ovidio Nasón mal narigado.
            Érase el espolón de una galera,
            Érase una pirámide de Egito,
            Los doce tribus de narices era;
            Érase un naricísimo infinito,
            Frisón archinariz, caratulera,
            Sabañón garrafal morado y frito.

  

También Quevedo se burlará de los mitos clásicos, parodiando el famoso mito de Apolo y Dafne que el caballero Garcilaso de la Vega nos ofreciera con sus versos suaves y armónicos:  "A Dafne ya los brazos le crecían". Atended  a la versión barroca de Quevedo, en la que el amor se concibe como algo material , Apolo es parodiado y Dafne es una mera mercancía de placer; el empleo de un lenguaje de germanía despoja al mito de toda aureola clásica:

                                                
                                                  Bermejazo platero de las cumbres,
                                                  a cuya luz se espulga la canalla
                                                  la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
                                                  si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de compralla:
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna dueña estrella,
que de estrella sin dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.


   Otro poema de tono paródico muy conocido de Quevedo es la letrilla "Poderoso caballero es don dinero", un poema en el que el autor juega con la ironía y los dobles sentidos, un tema que ya trató el Arcipreste de Hita y que sigue teniendo plena vigencia en los tiempos actuales. Escuchad con atención la letra del poema en la versión musical de Paco Ibáñez:



                          

    3. Poemas metafísicos y morales- Por último, y no por ello menos importantes, vamos a tratar los poemas quevedescos de contenido filosófico en los que se plantean los más graves problemas de la existencia humana: el tempus fugit, el desengaño vital, la muerte, la caducidad de los bienes materiales...        

                    


«¡Ah de la vida!»... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la Salud y la Edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

2 comentarios:

  1. es bueno, pero sería mejo si los nombres de los poemas fueran los correctos

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  2. ¿Cuáles son los nombres correctos de los poemas?

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