viernes, 20 de mayo de 2011

NANAS DE LA CEBOLLA


    Miguel Hernández y Josefina Manresa tuvieron dos hijos. El primero, Manuel Ramón nació en 1937 y murió a los pocos meses. Miguel Hernández  le dedicó el poema A mi hijo, que comienza así:

    Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
    abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
    su color coronado de junios, ya es rocío
    alejándose a ciertas regiones matutinas (...)

     Su segundo hijo, Manuel Miguel, nace en 1939 estando Miguel Hernández en la cárcel. Cuando Josefina le manda la foto de su niño, escribe Miguel:
     "No pasa un momento sin que lo mire y me ría, por muy serio que me encuentre, viendo esa risa tan hermosa (...) Esa risa suya es mi mejor compañía aquí y cuánto más la miro más me encuentro que se parece a la tuya. 

     Josefina le escribirá después contándole que sólo podía alimentarse con pan y cebolla. Miguel, entonces "permaneció recluido, con una gran depresión, en los dormitorios, sin salir al patio de la prisión. Después de dos días de autoreclusión, apareció en el patio y recitó de memoria el poema de Nanas de la cebolla, "la más trágica canción de cuna de toda la poesía española". 

     Miguel Hernández le contestará a Josefina: "el olor a cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que te consueles, te mando estas coplillas que le he hecho". Y este fue el origen de estas famosas nanas. Escritas en forma de seguidilla (forma métrica tradicional que se empleaba para temas más ligeros), evocan a su hijo con esperanza, como su única alegría en la cárcel, donde la ausencia de la familia es cada día más difícil. Un poema, sin duda, conmovedor. Escuchad un fragmento de la carta que Miguel envió a      
                                                           Josefina:

                              

     Y para finalizar, la versión musical de las Nanas de la cebolla:   



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