martes, 10 de mayo de 2011

GERARDO DIEGO

                                                
"Yo no soy responsable de que me atraigan simultánemente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso particular e intrasferible".

Con estas palabras, Gerardo Diego definía su propia poesía, variada de temas, de tonos y de estilos. Nacido en Santander en 1896, fue catedrático de Lengua y Literatura en Institutos de Soria, Gijón, Santander y Madrid. Obtuvo en 1925 el Premio Nacional de Literatura y como profesor dio charlas y conferencias por todo el mundo. También fue miembro de la Real Academia Española y recibió el premio Cervantes en 1979. Murió en Madrid en 1987.

     Su obra presentó dos direcciones que cultivó simultánemente, aunque con un progresivo dominio de la segunda:

     1) Poesía de vanguardia.- Gerardo Diego colaboró en revistas vanguardistas del momento y conoció a poetas como Juan Larrea o Vicente Huidobro. Escribió libros vanguardistas como Imagen (1918) o Manual de espumas (1922). Se trataba de obras ultraistas en las que la creación poética se plantea como juego, libertad en la forma, imaginación creadora y desvinculación de temas sociales.

     2) Poesía clásica o tradicional.- Gerardo Diego fue un gran admirador de los autores clásicos (tengamos en cuenta que fue profesor de literatura) y esto se refleja también en su obra. Su primera obra, El romancero de la novia (1918) está impregnado de un tono becqueriano y escrito con una composición muy tradicional: el romance. Su obra de corte tradicional, continúa con obras como Versos humanos (1918-1924) en donde recoge canciones, glosas, sonetos, entre éstos, el espléndido al ciprés de Silos. Con esta obra obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Otras obras de estética tradicional son Soria (1922), libro en dedicado a Castilla que tiene romances tan conocidos como Romance del Duero; Versos divinos (1938) con cantarcillos populares, letrillas y glosas al estilo de Lope y Alondra de Verdad (1941), magistral conjunto de sonetos.
     Escritor de intereses muy variados, manifestó una verdadera vocación por las letras y por el arte: poeta, profesor, crítico literario y musical, estudioso de la pintura, aficionado a los toros, gran lector, pianista... Un ejemplo claro de hombre del 27, seducido por las vanguardias del momento y admirador de los clásicos, supo aunar magistralmente las formas nuevas con las más tradicionales.
    Escuchad el Romance del río Duero cantado por Vicente Monera:

      ¿Sabíais que el ciprés de Silos sigue creciendo e interesando a muchos viajeros? Leed esta noticia curiosa sobre el conocido árbol.

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