lunes, 27 de febrero de 2012

ANTONIO MACHADO

     
Sin duda, uno de los grandes de la poesía castellana es don Antonio Machado. Componente de la Generación del 98, Machado destacó por su hondura poética, escribiendo versos inolvidables, versos que nunca pasan de moda porque su poesía brota del corazón y  es "palabra esencial en el tiempo".

     Nacido en Sevilla, Antonio Machado tuvo que trasladarse con su familia a Madrid cuando tenía ocho años. Aquí tenéis fotografías de Machado con su familia y también una foto de la casa en la que vivió el poeta:

     
Estudió en la Institución Libre de Enseñanza y en 1907 fue catedrático de francés a Soria. Allí se casaría con la jovencísima Leonor Izquierdo, pero Leonor murió tres años después, lo que dejó honda huella en el poeta que decidió entonces marcharse a Baeza. 

Antonio Machado y Leonor Izquierdo
     A finales de 1919 se trasladó al instituto de Segovia y en 1932 a Madrid. Firme partidario de la República, tuvo que exiliarse a Francia en 1939. El 22 de febrero de 1939 murió en Collioure (Francia). 
      El propio poeta se describió a sí mismo en su poema "Retrato" de la siguiente manera:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
    A continuación,  podéis escuchar la versión musical de este poema en la voz de Joan Manuel Serrat, cantautor catalán que ha puesto música a los poemas del ilustre sevillano.  No os lo perdáis porque esta breve biografía de Antonio Machado se nos presenta con un marco excepcional: palabras, lugares y recuerdos que formaron parte del poeta y de su poesía:

     Los inicios poéticos de Machado son modernistas con su libro Soledades (1903). Pero el Modernismo de Machado es muy distinto al de Rubén Darío, ya que como él mismo dijo, pretendía “seguir camino bien distinto”, pues pensaba que la poesía “no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu”. Es, por tanto, un Modernismo intimista, próximo al Romanticismo sentimental,  “mirando hacia adentro”. Predomina en él un tono melancólico y doliente y los temas son el amor, el paso del tiempo, Dios, la soledad, la infancia perdida, los sueños… Es muy característico el empleo de símbolos: el camino, la fuente, el laberinto, el crepúsculo, la tarde, el otoño, etc. 
El Parque en Otoño
     En 1907 se publica de nuevo la obra ampliada con el título Soledades, galerías y otros poemas, acentuándose la línea intimista: el recuerdo, la memoria, el sueño evocan constantemente un pasado perdido. Es visible además la angustia por el paso del tiempo y por la premonición de la muerte. A esta colección pertenece el poema "Yo voy soñando caminos", composición en la que aparecen símbolos muy machadianos como el sueño, el atardecer, el camino junto con tonos románticos becquerianos como se aprecia en el símbolo de la espina en el corazón que cuando no se tiene, se añora:
                                                     YO VOY SOÑANDO CAMINOS
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.
  En 1912 se publica Campos de Castilla.  Predomina en este libro la descripción del paisaje castellano y de sus gentes y las meditaciones sobre la realidad española. Es su libro más noventayochista en el que ensalza las tierras castellanas en un momento de crisis nacional. El paisaje parece recogido, en algunos poemas, con objetividad, como en la serie de Campos de Soria.  Sin embargo, una mirada atenta nos descubre cómo Machado proyecta sus sentimientos en el paisaje. Esto se refleja en poemas como el de "A un olmo seco", composición en la que describe un viejo olmo "hendido por el rayo, y en su mitad podrido" al que le han salido unas hojas verdes con la venida de la primavera. En principio, la descripción parece objetiva pero si hacemos una lectura más profunda del poema, nos daremos cuenta de que  Machado proyecta sus sentimientos en este árbol  y tiene esperanza de que en la primavera su mujer Leonor se recupere de su enfermedad, de la misma forma que a ese olmo podrido le han salido unas esperanzadoras hojas verdes.  Sus deseos no se harán realidad, ya que Leonor moriría poco después.
     El centenario olmo, inmortalizado por el poema de Machado, se encuentra en la actualidad en Soria, paradójicamente a pocos pasos del cementerio en el que está enterrada su mujer, Leonor. Os dejo la fotografía del conocido olmo acompañado del poema machadiano que lo ha hecho célebre:

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera. 

 El paisaje también se impregna de subjetividad en otros poemas en los que Machado recuerda a su mujer, ya fallecida. De nuevo proyecta en el paisaje sus sentimientos: la añoranza a su mujer Leonor unido a la tristeza y a la soledad por su pérdida. El tono se vuelve doliente y melancólico como podemos apreciar en la recitación del siguiente poema:


     Pero en Campos de Castilla hay además una preocupación patriótica, con poemas sobre el pasado, el presente y el futuro de España en los que Machado adopta una actitud crítica. Uno de los más conocidos es "A orillas del Duero", un poema que comienza siendo una descripción objetiva del paisaje castellano para pasar a unos versos duros en los que critica la decadencia de una tierra que fue próspera y poderosa:

  (…) Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasò? Sobre sus campos aun el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes
madrastra es apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Mio Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditò sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos. a la corte; la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar cargados
de plata y oro a España, en regios galeones,
para la presa, cuervos; para la lid, leones.
Filòsofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y si les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.

Castilla miserable, ayer dominadora;
envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora(...)

     Otro poema muy conocido también de actitud crítica es el de "El mañana efímero" en el que el poeta denuncia la existencia de las dos Españas:
La España de charanga y pandereta, 
cerrado y sacristía, 
devota de Frascuelo y de María, 
de espíritu burlón y alma inquieta, 
ha de tener su marmol y su día, 
su infalible mañana y su poeta. 
En vano ayer engendrará un mañana 
vacío y por ventura pasajero. 
Será un joven lechuzo y tarambana, 
un sayón con hechuras de bolero, 
a la moda de Francia realista 
un poco al uso de París pagano 
y al estilo de España especialista 
en el vicio al alcance de la mano. 
Esa España inferior que ora y bosteza, 
vieja y tahúr, zaragatera y triste; 
esa España inferior que ora y embiste, 
cuando se digna usar la cabeza, 
aún tendrá luengo parto de varones 
amantes de sagradas tradiciones 
y de sagradas formas y maneras; 
florecerán las barbas apostólicas, 
y otras calvas en otras calaveras 
brillarán, venerables y católicas. 
El vano ayer engendrará un mañana 
vacío y ¡por ventura! pasajero, 
la sombra de un lechuzo tarambana, 
de un sayón con hechuras de bolero; 
el vacuo ayer dará un mañana huero. 
Como la náusea de un borracho ahíto 
de vino malo, un rojo sol corona 
de heces turbias las cumbres de granito; 
hay un mañana estomagante escrito 
en la tarde pragmática y dulzona. 
Mas otra España nace, 
la España del cincel y de la maza, 
con esa eterna juventud que se hace 
del pasado macizo de la raza. 
Una España implacable y redentora, 
España que alborea 
con un hacha en la mano vengadora, 
España de la rabia y de la idea.

E LLa trayectoria literaria de Machado continua con su tercer libro poético Nuevas Canciones (1924), composiciones de tema variado, que contiene una serie de  poemillas breves, Proverbios y cantares,  cantarcillos populares de hondas reflexiones filosóficas. Joan Manuel Serrat ha convertido en canciones algunos de estos poemas en el disco que dedicó a Antonio Machado. A continuación tenéis uno de los poemas más conocidos, "Caminante no hay camino, se hace camino al andar":

     
     Para terminar comentaros que aunque Machado fue sobre todo poeta también escribió obras en prosa como  Juan de Mairena y piezas teatrales en colaboración con su hermano Manuel como la conocida obra, La Lola se va a los puertos. Y como queda poco para la Semana Santa, nada mejor que terminar con una saeta, la famosa saeta que Antonio Machado escribió "Al Cristo de los gitanos":

           
     Bueno, espero que estos poemas y estos vídeos os animen a leer más poesía de Machado, una poesía que ha dejado honda huella en escritores posteriores y que ha emocionado y sigue emocionando a millones de lectores. Animaos y coged un libro de poemas de Machado, porque la poesía no es para contarla sino para sentirla. 

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